¿Más de lo mismo?

Nuevamente se aprestan a reunirse, esta vez en Chile, los jefes de Estado y de Gobierno de los países de la Unión Europea con sus pares de América Latina y el Caribe, a fines de enero del 2013.

Nuevamente se aprestan a reunirse, esta vez en Chile, los jefes de Estado y de Gobierno de los países de la Unión Europea con sus pares de América Latina y el Caribe, a fines de enero del 2013.

Esta será llamada, por primera vez, la Cumbre UE-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), de creación reciente por la inconformidad de varios Gobiernos de países americanos con el desempeño de la OEA (Organización de Estados Americanos).

En 2010, la Declaración de Madrid de esta misma Cumbre UE-ALC hablaba de “hacer frente a las consecuencias mundiales de la crisis económica y financiera…aplicar políticas macroeconómicas y financieras para evitar futuras crisis…” y resaltaba como necesario “reforzar la ayuda a las personas vulnerables y pobres…”.

Otros compromisos fueron “la promoción de estrategias integradas y políticas públicas, como la protección social y las políticas fiscales destinadas a erradicar la pobreza y reducir las desigualdades y la exclusión social”.

Pero en los últimos tres años, la gran mayoría de los Gobiernos hicieron exactamente lo contrario.

Los recortes en España, por ejemplo, llevaron el desempleo abierto al 25 por ciento, el desempleo juvenil a más del 50 por ciento y hace unos días la Unión Europea exigió todavía más ajustes a ese país.

Ni hablemos de Grecia, Portugal o Italia. Los recortes han llevado a Europa a una recesión.

De este lado del Atlántico, hay crecimiento con exclusión social y parece ser que esa política va a continuar.

Tres carnicerías en los últimos años: las de Changuinola, San Félix y Colón, con saldo de varios muertos, heridos y lisiados.

El real ejercicio al derecho a la educación en ese país es, cuando menos, discutible.

También en Perú, el crecimiento acelerado, como producto de la explotación minera, no lo ha librado de ser uno de los países con menor inversión en la educación.

Es más, como producto de sus acuerdos de libre comercio, la quinua, considerado un vegetal de mucho valor nutricional, está siendo exportado masivamente, lo cual ha encarecido el producto a nivel nacional, haciendo que los naturales de ese país andino lo consuman mucho menos.

La desigualdad social en Chile está denunciada por los propios estudiantes secundarios y universitarios, quienes exigen educación gratuita y de calidad, mientras muchos parlamentarios ven el lucro en la educación como un negocio normal.

Paraguay tampoco es la excepción, especialmente con el nuevo Gobierno de facto, que no será invitado a la Cumbre.

Evidentemente, los anfitriones chilenos prefieren la presencia de Brasil o de Argentina y de varios otros miembros de la Unión de Naciones Unión Suramericanas (UNASUR) antes que ver la cara del impresentable Franco.

Los paraguayos, a pesar de haber crecido su PIB en porcentajes espectaculares en los últimos años, no tienen nada que se parezca a un sistema de redistribución de la riqueza y ni siquiera el Fondo Monetario Internacional (FMI), que descubrió últimamente que la desigualdad va contra el crecimiento, ha logrado convencer al Gobierno.

Su Parlamento, con su ley sobre micro, pequeñas y medianas empresas, ha dado un tiro en el pie a la economía paraguaya, cortando el salario de los trabajadores de esas empresas y despojándoles del derecho humano a la seguridad social.

La reforma fiscal ha sido una farsa. Los bancos, que antes pagaban el 30 por ciento de impuesto a la renta, hoy pagan un 10 por ciento.

Las excepciones a este patrón común en la región han sido la Argentina, que invierte 6,5 por ciento de su PIB en educación; Brasil, cuyo Gobierno ha sacado a 35 millones de personas de la pobreza, y Uruguay, donde el Frente Amplio redujo la pobreza del 39 al 13 por ciento.

Libre comercio

Entonces la pregunta es: ¿qué ha pasado con los compromisos de contenido social entre la UE y América Latina y el Caribe? La respuesta es sencilla.

Los acuerdos de asociación planteados por Europa han sido hechos para responder a la lógica norteamericana y a la disputa de mercados.

Estados Unidos firmó un tratado de libre comercio con México y Chile hace años.

En América Central, área andina y Mercosur, Europa también tiene sus propuestas de “acuerdos de asociación”.

Lógicamente, de los acuerdos que se firman, los hay sobre comercio e inversión y los hay sobre cohesión social.

La diferencia de trato entre ambos es que los primeros son trabajados, debatidos y firmados, mientras que los segundos son guardados en los cajones oficiales hasta la siguiente Cumbre.

En la Cumbre de Chile, la propuesta es tratar sobre las “inversiones de calidad social para el crecimiento del empleo y el desarrollo sostenible”.

En un mercado europeo venido a la baja, donde por el momento no hay más lugar para las inversiones, los europeos deben querer multiplicarlas en una región que está creciendo.

En respuesta, y a modo de compensación, hablarán sobre la posibilidad de que empresas mexicanas, brasileñas y chilenas inviertan en el viejo continente.

Y, fiel a la tradición de lo que hemos descrito un poco más arriba, el tema que va a tratarse verdaderamente es el de inversión.

Entretanto, es un hecho que la ciudadanía europea quiere volver al Estado de Bienestar del cual está siendo expulsada por los Gobiernos de derecha.

Ella está mirando con curiosidad, sorpresa y hasta esperanza lo que está pasando en algunos países del cono sur de América.

Y ni hablar de los latinoamericanos que nunca han estado dentro de un Estado de Bienestar.

 

(Víctor Baez Mosqueira: 11.01.2013)

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