Ojos bien cerrados

En la ciudad de Cannes, Francia, el 3 y 4 de noviembre los líderes del Grupo de los 20 no pudieron desmadejar los debates de la crisis de la deuda. Paralelamente en Niza representantes de organizaciones sociales denunciaban la política uniforme de Europa y los Estados Unidos, de mero corte neoliberal que hundió a millones en el desempleo, el cercenamiento de derechos sociales y la falta de horizontes.

Las posiciones diametralmente opuestas también se trasladaron a lo geográfico, ya que ambas cumbres se hicieron en ciudades distantes a 30 kilómetros.

La agenda del G-20 quedó de lado por la emergencia de la crisis en Grecia y los peligros que se ciernen sobre otros países de la región.

De lado quedaron temas como como los montos de la ayuda al desarrollo en los países pobres, la práctica de un comercio más justo y equitativo, y la reestructuración del sistema financiero global.

Tampoco se avanzó en crear un impuesto a las transacciones financieras para dedicarlo al crecimiento de las economías pequeñas, como demandaron en Niza los movimientos sociales.

Las viejas recetas de ajuste neoliberal, que fracasaron estrepitosamente en los países que se aplicaron, resucitaron: se incrementó el poder de intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) y su primera tarea será vigilar el desempeño económico de Italia, esta viajará cada tres meses Roma para tutelar las cuentas del Estado.

Las medidas para cumplir con el FMI implicarían llevar la edad jubilatoria hasta los 67 años y vender parte del patrimonio inmobiliario nacional.

“Desde que estalló la crisis, la Unión Europea ha destinado millones de euros para sanear las cuentas de los bancos privados, mientras impone duros recortes a los trabajadores”, denunció Aurélie Trouvé, de la organización altermundista Attac, una de las patrocinadoras del Foro de los Pueblos que, en ocasión de la Cumbre del G-20, reunió en Niza a miles de manifestantes de países todo el mundo.

“Primero los pueblos, no las finanzas”, fue el lema aglutinador de los movimientos sociales, sindicales, estudiantiles, de derechos humanos, medioambientalista, que desde el 1º de noviembre debatieron en talleres, mesas redondas, conferencias y charlas.

El documento planteó de manera cruda que “poco y nada” se puede esperar del G-20: “No gratas sorpresas como inyección de fondos del Sur en instituciones financieras globales, así como la implementación de programas de infraestructura, con créditos de órganos regionales, que si bien pueden ser fuentes de generación de empleos, pueden ser generadores de deuda y de problemas socioambientales”.

En otro de los párrafos se recordó que desde la lucha contra el ALCA (impulsado por los Estados Unidos en toda América para su dominación económica), “para superar la brecha de desigualdad en nuestra región, con justicia social y ambiental, el camino de la integración regional, es el camino a transitar”.

Por último se demandó que cualquier posición de la Argentina debería ser “discutida y acordada en el marco de Unasur (Unión Sudamericana de Naciones), y buscar la integración no para la reprimarización y exportación de recursos naturales, sino para la complementariedad económica, social y cultural de la diversidad latinoamericana y caribeña”.

Hubo también una manifestación de más de 10 mil personas (http://alter-echos.org/les-peuples-avant-la-finance/indignes-revoltes-et-mobilises-contre-un-g20-totalement-illegitime/)

Un nota de color la puso el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, quien invitó a un encuentro a los líderes sindicales presentes, agrupados en el llamado grupo Labour 20 (L-20), que integran centrales obreras de los países que integran el G-20 y es coordinado por la Confederación Sindical Internacional (CSI). A esa reunión, el presidente de la CGT Francia, Barnard Thibaud, no concurrió.

El portal CTA-Internacionales tuvo acceso a la carta de Thibaud a Sarkozy rechazando tal invitración. A continuación se reproducen los párrafos más salientes de la misiva.

“El G20 que se desarrollará en Cannes el 3 y 4 de noviembre bajo la presidencia francesa, se realizará en una fuerte y nueva etapa de degradación de los indicadores económicos y sociales. Como repetimos desde otoño de 2008, no puede haber salida a la crisis sin una política de relanzamiento basada en los salarios y el empleo, sin activar y fortalecer los sistemas de protección social. En lugar de estas opciones, la mayoría de los gobiernos europeos y la Unión Europea en sí se han comprometido en políticas violentas de ajuste y austeridad buscando reducir de manera forzada los déficits, ariesgando los sistemas nacionales de solidaridad y desregulando los servicios públicos

“En muchos países, la factura colosal generada por el salvataje de los bancos se le envía hoy a los más vulnerables y pobres, mientras que se perdona a aquellos que la causaron.

“El G-20 que pondrá nuevamente el sostenimiento del sector bancario y financieron en el corazón de sus preocupaciones en con los daños sociales de tales opciones y la ineficacia de medidas que en lugar de parar la crisis, la han agravado.

“La insistencia de los funcionarios del gobierno para confirmar la presencia de los principales dirigentes sindicales franceses en la delegación mundial, es testimonio de la voluntad de instrumentalizar a través de la imagen, un tal diálogo social inexistente en la conducta de su política nacional.

“No me prestaré a este ejercicio, y dejo a la delegación de la CSI la entrega de las reivindicaciones comunes del conjunto del movimiento sindical internacional y que compartimos. Para la CGT las cuestiones sociales en el marco del G20 no pueden ser tratadas en el marco de una confrontación francesa”.

 

(Mariano Vázquez: 09.11.2011)