Vetocracy

El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, no debería sentirse tan sólo. Tiene una gran espejo en el cual reflejarse a la hora de vetar: los gobiernos de Estados Unidos dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. 

El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, no debería sentirse tan sólo. Tiene una gran espejo en el cual reflejarse a la hora de vetar: los gobiernos de Estados Unidos dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que ya acumula más de 100 resoluciones vetadas en ese ámbito supranacional.

La primera semana de febrero, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas trató el tema de la crisis en Siria, y las posibles acciones a tomar en ese país. Estados Unidos, con el apoyo firme de la Liga Árabe -países gobernados por monarquías autoritarias del golfo pérsico para impedir los cambios reclamados en la llamada “Primavera Arabe”- promovió una resolución llamando al “cambio de régimen” en Siria. Sin embargo, con el poder de veto concedido por el escenario pos 1945, tanto China como Rusia vetaron esa resolución, alegando que había otras formas de buscar soluciones a la crisis en ese país.

Rusia y China tienen dos razones para vetar ese tipo de resoluciones: por un lado son aliados de Siria, y en el caso de Rusia tiene su única base naval hacia el Mediterráneo en las costas de ese país; por otro lado, tienen en claro el ejemplo de Libia, donde una resolución para el “derecho a proteger civiles” derivó en un bombardeo a mansalva para sacar a Kadafi del poder.

El veto de estos dos países indignó al gobierno de Estados Unidos. Susan Rice, embajadora en la ONU, dijo que el veto ruso y chino le generaba “asco” y era una decisión “vergonzosa” para ese “honorable” Consejo. Recordemos que Rice fue, entre otras cosas, ferviente promotora del “bombardeo humanitario” en Libia, y asesora para Asuntos de África de Bill Clinton durante el genocidio en Rwanda, cuando EE.UU. no hizo absolutamente nada al respecto.

Pero la historia no sólo condena a Rice, sino al propio Washington. Parece ser que es “deplorable” el veto de otros miembros, pero el propio siempre es justificado. Y en vetos, EE.UU. tiene un prontuario extenso. Desde la fecha, acumula más de 100 resoluciones vetadas dentro del Consejo de Seguridad. Entre las más importantes se destacan: la condena a Israel por el bombardeo a poblaciones civiles en Siria y Líbano (1972); afirmar el derecho de los palestinos a la autodeterminación (1976, y repetido a lo largo de tres décadas); condenar las violaciones a los derechos humanos por parte de Israel en los territorios ocupados (1978); terminar toda colaboración militar y armamentística con el régimen del apartheid sudafricano (1978); condena de la invasión de Israel a el Líbano (1982); creación de la Corte Penal Internacional (2001, nunca reconocida por EEUU); condena y llamado a terminar con la invasión de 22 días por parte del ejército Israelí a la franja de Gaza (2009); llamado a Israel a detener la construcción de asentamientos ilegales en los territorios ocupados (2011). Estos son sólo algunos de los más importantes, pero hay decenas de vetos relacionados no sólo a oriente medio en los que EE.UU. también aplicó esta ‘asquerosa’ actitud.

Ni hablar de los vetos a las resoluciones condenando el embargo a Cuba, que acaba de cumplir 50 años esta semana, y fue condenado por 186 países, con la excepción de Estados Unidos e Israel.

Siguiendo su comportamiento dentro del Consejo de Seguridad es claro que a Estados Unidos le cabe muy bien el mote de “vetador serial”. En las últimas cuatro décadas, la actitud intransigente a negociaciones de ese gobierno, convirtió al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en especial con temas sensibles como Medio Oriente, en una vetocracia constante que obstruyó toda posibilidad de una decisión consensuada entre los miembros. Mirando el historial de EE.UU., el conservador Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, puede sentirse un poco más acompañado, en su afan vetador de leyes justas.

 

(Bruno Dobrusin: 14.02.2012)

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