Tambores de guerra

Ya cansa. Por sobre los grandes titulares de que Irán estaría acelerando su programa nuclear subyace la verdad. Una fachada en letras de molde nubla todo. Los halcones piden a gritos más sangre inocente y petróleo. Tienen sed voraz.

Ya cansa. Por sobre los grandes titulares de que Irán estaría acelerando su programa nuclear subyace la verdad. Una fachada en letras de molde nubla todo. Los halcones piden a gritos más sangre inocente y petróleo. Tienen sed voraz.

La República Islámica de Irán ha sido siempre muy enfática respecto a que no busca obtener un arma nuclear: es signataria del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y siempre ha permitido las inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). ¿Qué más pruebas de amor se le pueden pedir?

Demonizaciones frecuentes y banales abundan diariamente contra Irán. Lugares comunes y sentencias superficiales. Ejemplo: La película “300” muestra el heroísmo espartano contra la promiscuidad persa. Es Hollywood. Es publicidad engañosa entrando en el living de tu casa. ¿Por qué no se menciona por ejemplo que Esparta tenía una política de eliminación selectiva de sus ciudadanos débiles? ¿O suprimir a los distintos es una virtud? Es sólo una pequeña muestra para ver las intencionalidades.

En esta historia que mantiene en un puño al mundo, sobre todo rebozan los ocultamientos. Veamos unas declaraciones que se han mantenido deliberadamente bajo la línea de flotación de las guerreristas realizadas por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu o el presidente Barack Obama. El Supremo Líder de Irán, el Ayatolá Ali Jamenei, dijo: «La nación iraní nunca ha buscado y nunca buscará armas nucleares. No cabe duda de que los responsables de la toma de decisiones en los países que se nos oponen saben perfectamente que Irán no quiere armas nucleares porque la República Islámica desde la lógica, la religión y la teoría, considera que la posesión de armas nucleares constituye un grave pecado y que la proliferación de tales armas es insensata, destructiva y peligrosa”. No fue una sola vez. Fue reiterado. Pero mejor ahogar estas palabras.

En mi opinión Irán debería tener un arma nuclear, creo que es la única manera de disuadir a las potencias sedientas de petróleo y recursos de realizar trasnochadas aventuras bélicas. Los no-nucleares Irak, Afganistán y Libia fueron invadidos y diezmados sin piedad. Corea del Norte, mencionado infinidad por presidentes norteamericanos como parte de los países miembros del “Eje del Mal”, posee armas de esta naturaleza, ¿habrá sido esta su garantía para no ser molestado?

Un titular del sábado 24 de febrero del diario The New York Times dice que “Agencias de los Estados Unidos no ven movimientos de Irán para construir una bomba” y en su interior cita a analistas de inteligencia que “siguen creyendo que no hay fuerte evidencia que indique que Irán esta decidido a construir una bomba nuclear”; a la vez recuerda informes, que datan de 2007, que indicaban que Irán había abandonado este programa, lo que fue “largamente reafirmado en 2010” y que este “era el consenso de las 16 agencias de inteligencia de Estados Unidos” (U.S. Agencies see no move by Iran to build a bomb))

Sin embargo Estados Unidos, Israel, Francia, Gran Bretaña y otros países europeos lanzan amenazas a Irán y avanzaron en sanciones comerciales, como la prohibición de vender petróleo y el boicot contra sus bancos. Es un manotazo de ahogado. Meras bravuconadas. Balas de salva. El comercio en la zona asiática se desprende poco a poco del dólar. Irán exporta por día 2.6 millones de barriles, el 25 por ciento va a la Unión Europea, ¿la euro zona en caída libre realmente se cree en condiciones de cortar ese flujo? Otra muestra: en sus relaciones comerciales con los países del BRICS China, Rusia e India ya se ha implementado el cambio de moneda, es decir el rial (la divisa persa) con el yuan, el rublo y la rupia, en cada caso. Ni euro ni dólar. China e India compran un 40 por ciento del petróleo iraní. El intercambio con América Latina es cada vez más fluido. No parece que habláramos de un país aislado.

Tambores de guerra. Se agitan, se ubican en primera plana, pero no asustan. Irán ya estuvo ahí, lo quisieron hundir luego de la Revolución Islámica de 1979 y con la guerra de ocho años con Irak (1980-1988), sin embargo sigue en pié, a pesar de que entonces no contaba, como hoy, con las relaciones estrechas con potencias como China y Rusia.

El panorama se completa con el asesinato a científicos iraníes, provocaciones aéreas de aviones no tripulados sobre cielo persa y el financiamiento a “rebeldes” para generar desestabilización. Objetivo final: el cambio de régimen. No se puede dejar de mencionar en este punto los desastres evidentes que ha generado este plan para “exportar la democracia” a países árabes. Nadie en su sano juicio puede afirmar que Irak, Afganistan o Libia estén ahora mejor que antes. Además, a pesar de ser una teocracia, Irán tiene una tradición de participación y debate políticos, una muestra fueron las recientes elecciones parlamentarias donde el presidente Mahmud Ahmadineyad se enfrentó a los seguidores de Jameini, quienes ganaron abrumadoramente.

Argumenta Gary Sick, ex asesor del presidente James Carter, publicó en la edición de marzo de Le Monde diplomatique: “Irán no es un peligro serio para nadie, ni siquiera para sus vecinos más próximos. Su presupuesto militar representa una fracción minúscula, no sólo comparado con el de Estados Unidos o de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino también con los gastos combinados de los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). El país está cercado por las fuerzas estadounidenses y por la OTAN, entre otras cosas por un anillo de bases y fuerzas navales. Consciente de su relativa debilidad, hasta ahora evitó los enfrentamientos militares directos”.

La maquinaria bélica y propagandística está en marcha. Por ahora, son sólo fuegos de artificio.

A modo de moraleja es bueno advertir que nunca se debe subestimar a un pueblo que hizo una revolución. Un levantamiento de características anticoloniales, con una consigna de neto corte independentisita: “Ni Este ni Oeste”. Determinación de destino.

 

(Mariano Vázquez: 09.03.2012)

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